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Este año la
Asociación Rosaleda cumple una década de servicio a los demás.
Muchos vecinos y muchas vecinas del barrio acudieron a su sede a
celebrarlo por todo lo alto.
El acto
comenzó con la lectura por parte de Ana de una carta a su hijo
Jesús –uno de los voluntarios más jóvenes de la asociación- en
la que se repasaba la historia del esfuerzo que ha construido lo
que hoy es la asociación durante todos estos años.
La lectura
estuvo acompañada de un pase de diapositivas con fotografías que
les trajeron grandes recuerdos a muchos y muchas e hicieron que
brotara alguna lágrima de emoción.
Además,
Antoñita recitó el poema que, tanto tiempo atrás, compuso para
inaugurar el centro.
Tras el
repaso a esos años de historia, se procedió a homenajear a dos
de las voluntarias más veteranas y enérgicas del barrio: Balbina
Cuesta e Isabel Pacheco.
“¡Bravo por
las chavalas!”, exclamó una voz entre el público.
Más tarde,
todos y todas tomaron un aperitivo y brindaron por lo lograron y
se soplaron las velas de la tarta del décimo cumpleaños de la
asociación. Por último, se disfrutó de un espectáculo de magia.
Muchos
asistentes coincidieron en señalar que fue una de las fiestas
con más asistentes que se ha celebrado y que sentían “como un
hijo” aquel proyecto.
Balbina
Cuesta, toda una institución en el barrio
Fue una de
las voluntarias homenajeadas durante la fiesta. Ella prefirió
este reconocimiento al homenaje oficial que se le hizo en La
Casa Encendida: “Me he emocionado más cuando me han dado aquí el
ramo de flores que cuando me dieron la placa”, comentó.
Si tiene
que escoger una palabra para resumir en un recuerdo todo lo que
ha vivido durante estos años de trabajo, Balbina escoge la
palabra “alegría” y lo justifica así: “Quieras que no, me lo he
pasado bien. Incluso cuando veníamos a limpiar”.
Con estos términos explica el
secreto de su vitalidad:
“No paro en casa. A las 12 me voy con una amiga, sigo
colaborando con la asociación en lo que pudo y hablo con todos.
Lo recomiendo a todos: que salgan y hablen con todo el mundo.
Escuchar tanto las penas como las alegrías”.
Y recuerda
que alguien, durante el concierto de una orquesta, dijo una vez
de ella: “de mayor quiero ser como Balbina”.
Isabel
Pacheco, luchadora incansable
“No he
podido hablar porque me he emocionado un poco”, confesaba Isabel
tras recoger el ramo de flores con el que le homenajearon
durante la fiesta por ser una de las voluntarias más veteranas.
Ella visita
a enfermos, trabaja en la Iglesia, ha ayudado al fisioterapeuta
durante tres años y ha pasado mucho tiempo más limpiando.
“La
asociación parece una cosa mía, algo familiar. Me he sentido muy
bien desde que entré”, comenta. Isabel lleva desde el 62 en el
barrio, luchando por él visitando a gobernantes y manifestándose
y por el que se ha conseguido mucho, aunque “ahora la cosa está
empeorando otra vez”.
“¡No hemos
luchado nada por todo esto!”, suspira mirando a su alrededor.
Antonia
Blanco, presidenta de la Asociación Pan Bendito
Ella es la
presidenta de la Asociación Promoción Comunitaria Pan Bendito,
madre al fin y al cabo de Rosaleda. Ella se queda con las
palabras alegría y colaboración para resumir los recuerdos que
le trae todo este tiempo de trabajo.
“Hay un
ambiente muy agradable y mucha solidaridad entre todos”, comentó
refiriéndose a la fiesta.
Ella quiere
apuntar que el objetivo de Rosaleda es “procurar que los mayores
tengan lo necesario para llevar una vida digna” y, añade, “que
se sientan acompañados”. |